quisiera poder acunarme en el orgullo de tu mirada y que me cantaras aquello de antón, antón pirulero, y que me llamaras chata y sus derivados. quisiera poder escribirte cartas. aprender a reconocer tu caligrafía, memorizar tus faltas de ortografía y los giros de tu lenguaje epistolar. quisiera poder celebrar tu cumpleaños contigo, aunque ahora ni siquiera estoy segura de recordar la fecha. quisiera llevarte al teatro y que me llevaras a la zarzuela. charlar contigo sobre los hombres, el sexo y la no-importancia del dinero. quisiera que vinieras, que te bajaras del avión con paso renqueante tal vez, con paso seguro quizás, y con tu sonrisa argentada y tu espalda erguida. quisiera decirte que ahora entiendo lo importante que es caminar recto, y que me corrigieras los hombros y el estómago indomable. quisiera llamarte por el skype y disfrutar de los equívocos que propiciaría tu sordera. reírme con tu risa inconfundible. escucharte hablar en futuro de subjuntivo una y otra vez, y que se me pegara, como el acento navarro se le pega a mi madre. y comentar el quijote. y comentar a neruda. y discutir la regenta, y preguntarte, sobre todo, si estás de acuerdo en que a clarín se le notaba que era un hombre en el narrador y que ana no pudo disfrutar de aquella primera noche de casada con un viejo físicamente repelente. quisiera preguntarte cómo te enamoraste de mi abuelo. qué te gustaba de él. qué no te gustaba de él. cuáles eran las mayores virtudes y los mayores defectos de cada uno de tus muchos hijos. preguntarte si alguna vez escribiste. pedirte, suplicarte si fuera necesario, que me dejaras leer tus poemas de juventud. pedirte que me hagas natillas, que ahora ya sí me gustan, ¡ahora ya sí! vuelve, vuelve y prepárame natillas, por favor, que en inglaterra no saben lo que es un buen postre. quisiera que vinieras y poder descubrirte la ciudad mítica, la gran biblioteca. verte maravillada ante la grandeza de los colleges e incluso escuchar una misa juntas. quisiera que me escucharas cantar, porque nunca lo hiciste. quisiera que la vida te hubiera dado como mínimo 6 años más de tregua, para que hubieras podido verme aquí, venir a verme aquí. o al menos dos o tres, para que me hubieras dado tiempo a hacer realidad toda esta serie de imposibles ahora que tengo un par de dedos de frente en vez de una revolución hormonal post-hodgkiniana.
quisiera que el mundo, y sus palabras, dejaran de recordarme que hace tiempo que no estás.





