serie de imposibles

•18 Noviembre 2009 • 1 comentario

quisiera poder acunarme en el orgullo de tu mirada y que me cantaras aquello de antón, antón pirulero, y que me llamaras chata y sus derivados. quisiera poder escribirte cartas. aprender a reconocer tu caligrafía, memorizar tus faltas de ortografía y los giros de tu lenguaje epistolar. quisiera poder celebrar tu cumpleaños contigo, aunque ahora ni siquiera estoy segura de recordar la fecha. quisiera llevarte al teatro y que me llevaras a la zarzuela. charlar contigo sobre los hombres, el sexo y la no-importancia del dinero. quisiera que vinieras, que te bajaras del avión con paso renqueante tal vez, con paso seguro quizás, y con tu sonrisa argentada y tu espalda erguida. quisiera decirte que ahora entiendo lo importante que es caminar recto, y que me corrigieras los hombros y el estómago indomable. quisiera llamarte por el skype y disfrutar de los equívocos que propiciaría tu sordera. reírme con tu risa inconfundible. escucharte hablar en futuro de subjuntivo una y otra vez, y que se me pegara, como el acento navarro se le pega a mi madre. y comentar el quijote. y comentar a neruda. y discutir la regenta, y preguntarte, sobre todo, si estás de acuerdo en que a clarín se le notaba que era un hombre en el narrador y que ana no pudo disfrutar de aquella primera noche de casada con un viejo físicamente repelente. quisiera preguntarte cómo te enamoraste de mi abuelo. qué te gustaba de él. qué no te gustaba de él. cuáles eran las mayores virtudes y los mayores defectos de cada uno de tus muchos hijos. preguntarte si alguna vez escribiste. pedirte, suplicarte si fuera necesario, que me dejaras leer tus poemas de juventud. pedirte que me hagas natillas, que ahora ya sí me gustan, ¡ahora ya sí! vuelve, vuelve y prepárame natillas, por favor, que en inglaterra no saben lo que es un buen postre. quisiera que vinieras y poder descubrirte la ciudad mítica, la gran biblioteca. verte maravillada ante la grandeza de los colleges e incluso escuchar una misa juntas. quisiera que me escucharas cantar, porque nunca lo hiciste. quisiera que la vida te hubiera dado como mínimo 6 años más de tregua, para que hubieras podido verme aquí, venir a verme aquí. o al menos dos o tres, para que me hubieras dado tiempo a hacer realidad toda esta serie de imposibles ahora que tengo un par de dedos de frente en vez de una revolución hormonal post-hodgkiniana.

quisiera que el mundo, y sus palabras, dejaran de recordarme que hace tiempo que no estás.

•16 Noviembre 2009 • Dejar un comentario

-Y llegará un momento en que no te acordarás bien de mis ojos -susurró él mientras acariciaba el pelo de Nereida.

-¡Nunca podría olvidarme de tus ojos! -replicó ella, incorporándose de repente.

-No podrás decir con seguridad en qué párpado tenía el lunar…

-¡En el derecho! -exclamó ella, besando la pequeña marca con vehemencia.

-No serás capaz de definir si son color nuez o más bien avellana…

-¡Dorados! ¡Son dorados como la miel! ¡Dorados como el vello de tu ombligo!

-Tratarás de recuperar en vano la textura de mis pestañas…

-Son largas y están ilesas, como las asombradas pestañas de un niño.

 

…Y ahora el pincel

se volvía compinche

estéril de las láminas

•15 Noviembre 2009 • Dejar un comentario

Y AUQUE SE ME CAIGAN LAS CERTEZAS

AMARILLAS COMO DIENTES

[párrafo]

AQUÍ TE ESPERO

INERTE

FRÍA

COMO UN TROZO SOBRANTE DE ARCILLA

S.O.S.: farmacia de guardia

•27 Octubre 2009 • 1 comentario

Está ocurriendo de nuevo. Tengo hormigas en los dedos que me hacen cosquillas para que suelte de una vez lo que tenga que decir. Pero no puedo. No me sale. Tengo estreñimiento emocional, cerebral y -espero que- estacional. Tal vez sea por el choque de los dos idiomas que no logro descifrarme a mí misma a través de ninguno. No lo sé. Sólo sé que me palpitan cosas, atrapadas en las venas, que quieren acunarse y adormecerse en la música de las palabras. Pero no puedo. No me sale. Tengo estreñimiento epistolar y dactilar. Tal vez sea por el choque de las emociones al tratar de encontrar un equilibrio imposible.

Lo único que sé a ciencia cierta es que las palabras y yo nos buscamos a ciegas, tanteando sin querer partes impúdicas; esperando, confiando, en que en algún momento alguien acierte a encender la luz.

Anonimato

•22 Octubre 2009 • Dejar un comentario

Mujer_gorro_PicassoAtraviesa las mareas de las calles parapetada por una gorra y unos labios de falsa viveza. Nadie la conoce, y tampoco nadie parece querer conocerla.

El mundo refulge húmedo de vida allá afuera, al otro lado de la gorra. Más allá del carmín y del miedo.

“Mujer contra mujer”, versión cantable en inglés

•13 Octubre 2009 • 1 comentario

Nada tienen de especial

dos mujeres que se dan la mano

el matiz viene despues

cuando lo hacen por debajo del mantel

Luego a solas sin nada que perder

tras las manos va el resto de la piel

un amor por ocultar

y aunque en cueros no hay donde esconderlo

lo disfrazan de amistad

cuando sale a pesar por la ciudad

Una opina que aquello no esta bien

la otra opina que que se le va a hacer

y lo que opinen los demas esta demas

Quien detiene palomas al vuelo

volando a ras del suelo

mujer contra mujer

No estoy yo por la labor

de tirarles la primera piedra

si equivoco la ocasion

y las hallo labio a labio en el salon

ni siquiera me atrevere a toser

si no gusto ya se lo que hay que hacer

que con mis piedras hacen ellas su pared

Quien detiene palomas al vuelo

volando a ras del suelo

mujer contra mujer

Una opina que aquello no esta bien

la otra opina que que se le va a hacer

y lo que opinen los demas esta demas

Quien detiene palomas al vuelo

volando a ras del suelo

mujer contra mujer

Two girls walking hand in hand

Shouldn’t be such a big deal nowadays

Problem comes right after that

When the hands find themselves quickly under  the shades

When they’re lonely and there’s nothing to fear

After the hands meets  the rest of the skin

Such love stories need to hide

Though there’s nowhere to hide when you’re naked

Always leave passion aside

When the city poses over them its eyes

Some old women consider that’s not right

And some others it’s not even polite

But they don’t care a thing about what people think

No one can prevent a bird from flying

from rising every day higher

A girl who loves a girl

I’m not gonna be the one

To first throw to them a piece of stone

if I see by any chance

Two girls kissing in the lips when they’re alone

I will even try not to make a sound

If dislike it, i can reach for the door

‘Coz with my stones they’ll only build themselves a wall

El beso invisible

•11 Octubre 2009 • Dejar un comentario

Era totalmente consciente de que su futuro amoroso dependía de aquellas quince páginas de azúcar hecho palabras.

Había rociado cuidadosamente cada papel con gotas de su perfume y las había dejado secar, pacientemente, para que la tinta no se emborronase. Había escrito la carta despacio, sin dejar que la emoción tomase las riendas de sus dedos y evitar, así, hacer antiestéticos tachones.

Por fin había llegado el momento de coronar el pastel con la guinda perfecta: un beso de aromático carmín.

Después de mucho deliberar consigo misma y de pedir consejo al espejo, se había decantado por un color pasión, por un color rojo fuego, para demostrarle gráficamente que la llama de su amor jamás se había apagado. De repente le entraron las dudas: ¿en qué punto exacto de la hoja sería adecuado plantar el beso? Esperaba que no le quedase torcido. Ni amorfo. Oh, Dios mío, por favor, que no le quedase amorfo, por favor, por favor.

Pero los labios no dejaron su fruncida huella. Ella arrugó el ceño con estupor. ¿Qué pasaba? Besó el papel de nuevo, ardorosamebesonte, como si pretendiese encontrar en él el calor de los labios perdidos. Pero nada.

Y de repente se acordó. Se acordó de los primeros besos, de las manchas de carmín en el cuello de la camisa y de las marcas en la piel del cuello. Se acordó de cómo él, en cuanto hubieron cogido confianza, le había hecho tirar a la basura todos sus pintalabios y  de cómo ella se había tenido que hacer con una nueva gama de esos que anunciaba en la televisión Linda Evangelista. Comprendió, al cabo -y ya no pudo refrenar durante más tiempo las lágrimas-, que aquel pintalabios no iba a dejar huella porque había sido diseñado ex profeso para ello.

Tiempos de autobombo

•14 Septiembre 2009 • 7 comentarios

Y es que con Internet y, sobre todo, con el Facebook, es mucho más sencillo que en la era pre-tecnológica. ¡Ay, mísera de mí! Y ¡ay, infeliz! Si me mordiera la lengua me envenenaría en el acto, pero no puedo evitar sentir rabia asesina al saber que gente que ni siquiera corrige sus textos; gente que tira por la metáfora fácil y manida; gente que nació sin oído sintáctico, sin estilo ni gusto narrativo; gente, en suma, que no sabe hacer la “o” con un canuto… publica y gana.

Y me da pena saber que hay gente que vale y que se lo trabaja, que tiene verdadero talento (por mucho que esta palabra no deje de chirriarme)… pero que es difícil que jamás llegue a tener éxito (palabra que también me chirría mucho) simplemente porque no es “amigode” o no tiene habilidad para realizar satisfactoriamente felaciones comerciales.

Menos mal que este post es UNA EXAGERACIÓN y que no todo es blanco o negro.

Ni tanto, ni tan calvo. Pero qué rabia todo, oye.

Una perra muy “mala”

•5 Septiembre 2009 • 2 comentarios

El sexo con él era increíble. Por eso iba a recorrer más de 500 kilómetros, para follar descontroladamente con él durante una semana. “Es sólo sexo, no pasa nada. Sin ataduras”, se decía a sí misma. Lo cierto es que le habría beneficiado el darse cuenta de que no era sólo eso, puesto que también en su tierra se cultivaban penes como nabos. De distintos tamaños, formas e incluso sabores, dependiendo de las costumbres higiénicas del agricultor. Desde luego, también los había igual de eficientes a aquél que tanto añoraba. Pero ella quería “ser mala”, por una vez en su vida. Porque siempre había sido muy buena.

Había sido excesivamente benévola con el novio-esclavo que había comprado en la discoteca de su pueblo por apenas un par de vellos púbicos aderezados con unas gotas de saliva. Le había concedido el privilegio de escoltarla por todos los centros comerciales de la zona y de despertarlo a timbrazos para que la llevara de vuelta a casa tras una noche de fiesta. Había sido demasiado considerada con el ahora exnovio-esclavo al confiarle sus nada esporádicos escarceos amorosos, y más aún al proporcionarle detalles explícitos para que pudiera hacerse una mejor composición de lugar. Por eso, ahora le corroía la necesidad de ser perversamente mala y acostarse con un perfecto follador sin que mediase ningún tipo de sentimiento.

Por supuesto, él no era perfecto en todos los ámbitos y también tenía sus defectos, pero eran males menores teniendo en cuenta lo mucho que la cuidaba. Desde que se habían separado tras aquella maravillosa semanaperrocollar y media de compartir generosamente la cama, había recibido una avalancha de mensajes en los que el joven argentino le abreviaba todo su amor. La hacía sentirse tan especial, tan verdaderamente amada, que ya apenas recordaba que él la hubiese agarrado fuertemente del cuello, como a una perra desobediente, mientras caminaban a lo largo del paseo marítimo. “¿A quién mirás, nena?”. A ella simplemente aquel chico le había recordado a un antiguo ligue veraniego de su hermana. Después de haber leído una y otra vez su “Tus ojos son + lindos q las streyas, alumbrás mi vida + q el sol”, se le había borrado del cerebro el recuerdo de aquella enorme mano violentamente alzada a un palmo de su indefenso rostro.

Follaba como un verdadero profesional. Y, oye, quien fuese perfecto que tirase la primera piedra.

Hasta siempre

•1 Septiembre 2009 • Dejar un comentario

Llámame

Había tanta desesperación en su ruego… Llámame. Cuando quieras, para lo que quieras, siempre que quieras. Llámame. La otra forzaba una sonrisa entre los escombros de su labio partido para tratar de engañar a su antigua amiga. Y a sí misma. Estaré bien, mi vida va a cambiar. Voy a conseguir un trabajo. Mejor sola que mal acompañadaNunca más tendré que volver a poner el coño. Voy a ser feliz o, por lo menos, voy a esforzarme por intentarlo.

Llámame.

Lo haré. Te llamaré, susurró con la voz llena de lágrimas.

 

Llámame

 

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En las imágenes, las actrices Violeta Pérez y Candela Peña.

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(Texto inspirado por esta secuencia del final de la película El patio de mi cárcel)